Las pastillas están
diseñadas para producir una
alta fricción con el disco.
Deben ser reemplazadas
regularmente, y muchas están
equipadas con un sensor que
alerta al conductor cuando
es necesario hacerlo.
Algunas tienen una pieza de
metal que provoca que suene
un chirrido cuando están a
punto de gastarse, mientras
que otras llevan un material
que cierra un circuito
eléctrico que hace que se
ilumine un testigo en el
cuadro del conductor.
Hasta hace poco tiempo las
pastillas contenían asbesto,
que ha sido prohibido por
resultar carcinógeno. Por lo
tanto, al trabajar con
vehículos antiguos se debe
tener en cuenta que no se
debe inhalar el polvo que
pueda estar depositado en
las inmediaciones de los
elementos de frenada.
Actualmente las pastillas
están libres al 100% de este
material, ya que fue
catalogado como carcinógeno.